de la obligación al placer
Durante una época, los 13, 14 ó 15 años, no me gustaba nada leer. El motivo era que desde 3º a 4º de E.G.B. tuve una profesora que se llamaba Dña. Pilar y nos obligaba a leernos semanalmente un libro de la colección "El Barco de Vapor". A la semana siguiente teníamos que resumirlo y contarlo en clase. Así una semana y otra y todos los niños estábamos hartos de leer. Con el tiempo he comprendido que lo hacía por nuestro bien y que quizás eso fue lo que hizo que ahora sí me guste leer.
Araceli dijo
Por eso es tan importante la afectividad en la animación a la lectura. Todas las encuestas sobre hábitos lectores muestran que lo que más influye para que un niño se haga lector es la familia. Cuando la familia no constituye un caldo de cultivo de la lectura, los maestros y los animadores a la lectura pueden cumplir este papel, siempre que desarrollen de alguna manera algún tipo de vínculo afectivo con los niños y adolescentes. En relación con esto se puede decir también que obligar a leer en general u obligar a leer algún libro en particular es justo lo contrario de crear un ambiente de afecto propicio a la lectura. Por este motivo la animación a la lectura no se puede concebir más que como tarea de participación voluntaria.
Araceli
28 Abril 2006 | 01:54 PM